domingo, 5 de abril de 2015

CELEBRA JURGAN SUS PRIMEROS 300 SHOWS A CARCAJADA BATIENTE; RECONOCIDOS PERIODISTAS DEVELAN Y APADRINAN LA PLACA




Si bien tiene 15 años de trayectoria, escribiendo comedia para Eugenio Derbez, Jorge Ortiz de Pinedo, Adal Ramones y otros, apenas hace 3 años que se animó, sus propios textos en mano, a subirse a un escenario a contar su propia historia, su humor, su crítica social.

Así, la noche del sábado llegó a su show número 300.

“No puedo creerlo: trescientas veces de decir las mismas tonterías”, señaló a manera de broma, al invitar a sus padrinos de develación.

“Para mí es un honor que gente tan reconocida en su campo, periodistas de una gran trayectoria, hayan aceptado develarme la placa, porque es gente que, mínimo, tienen 20 años de carrera y han visto cualquier cantidad de espectáculos, de todo tipo, y que me acompañen esta noche es un agasajo”, comentó el autor, cuando pidió que subieran al escenario Nora Marín, Gloria Carpio, Juan Carlos Cuéllar, Pablo Ramos, Gilberto Barrera e Ismael Frausto, que “narran el acontecer del espectáculo de este país desde diversas redacciones”.


Ya en el estrado, los periodistas elogiaron el sentido del humor de Jurgan, así como de los comediantes que es anoche abrieron su show: Patricia Bacelis y Manolo Carmona, y le auguraron muchos más éxitos en este género del StandUp.



SEMBLANZA

A la edad de 10 años, Luis recibió de los Reyes Magos un regalo que sería determinante para el resto de su vida: una grabadora. Con ella reinterpretaba los cuentos clásicos infantiles y los comerciales televisivos de la época, sin saber que a esas formas de relato se les llama parodias y sketches y que a eso se dedicaría en el futuro.

“Contaba mi propia versión de Caperucita Roja o del comercial de un banco de la época que tenía por logo un águila, luego ponía a mis hermanos y a mis amigos a actuarlos junto conmigo, era muy divertido”, dice Luis Antonio Bautista Jacobo, conocido en el medio como Jurgan Jacobo.

Lo que tenía muy claro aquella mente infantil era su deseo de ser como Luis de Alba, por eso sus juegos consistían en imitar personajes como El Pirruris. “Yo era fan loco, realmente loco, de Luis, me fascinaba lo que hacía, sus personajes los actuaba y pensaba que realmente eso era lo que yo quería hacer, provocar la risa de la gente, divertirla”.

Con ese deseo Luis hizo audiciones en cuanta escuela de actuación conocía, pero en ninguna fue aceptado, también hizo examen en Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México, pero tampoco fue aceptado. La decisión y la visión positiva de las cosas que heredó de su madre lo mantuvo en el deseo de hacer lo que realmente quería, así que estudió locución en la escuela Raúl Del Campo Junior.

“Eso fue hace como 20 años, ahí conocí a El Burro Van Rankin y mucha gente de Televisa Radio, trabajé en la Ke Buena donde me encargaba de decir los textos de los promocionales y también hacía doblaje, pero yo quería más. Así empecé a hacer un programa de radio que se llamaba La neta de la nota, donde hacía parodias, en una estación de radio de Grupo 7”, rememora este comediante al revisar una trayectoria de mucho esfuerzo y búsqueda.

Más tarde, casi una casualidad lo llevó a formar parte del equipo de escritores de Eugenio Derbez, con lo que inició una carrera que hoy llega a los 15 años, años de un trabajo que se le da de manera natural y que de la misma manera ha atraído audiencias masivas a los programas donde ha participado creando situaciones cómicas, convirtiendo su seudónimo, Jurgan, en garantía de éxito.

“Un día me dijeron Derbez necesitaba escritores, fui a la producción, dejé unas muestras de sketches, me llamaron y empecé a ir al CREO (Centro de Rehabilitación de Escritores Ociosos), un taller de creatividad para talentos potenciales. Estuve como un año haciéndome tarugo y no me pagaban nada, como sucede en este medio, pero un día Eugenio nos preguntó que quién quería escribir La familia P. Luche o XH Derdez. Víctor Acosta, un amigo, y yo elegimos la primera opción”.

Jurgan ya había probado su talento, pero como no conocía la técnica de escribir para televisión, fue sometido a un aprendizaje intensivo en talleres y lecturas. “Así fue como empecé a escribir de  verdad –dice el creativo-- mi primer programa al aire fue uno de La familia P. Luche donde Eugenio hacía 2 personajes, uno que era Ludovico y otro que era Brad Pittin. Ese fue mi primer programa”.

A esa emisión le siguieron títulos como Otro Rollo, Permítame tantito, Una familia de diez, Desmadruga2, y La CQ, entre otros, donde Luis demostró que esos talentos que tanto le habían apreciado sus maestros de locución y doblaje como Rubén Moya, Love Santini y Carlos Segundo así como la perseverancia que le inculcó su madre, rindieron los frutos esperados.

“Pero lo que yo realmente deseaba era subirme al escenario y hacer comedia, pero me daba mucho miedo enfrentarme a gente que ya lo hace como El costeño, Platanito o Adrián Urbe, que tienen una comedia que me parece muy poderosa, pensaba que me iba a arriesgar mucho y, tengo claro que en este medio solamente tienes una oportunidad de hacer las cosas, si no te salen ya no te dan más chance”, comenta Luis.

Fue como descubrió el stand up comedy, que también se escribe y por tanto era ideal para él. De eso hace apenas dos años, tiempo en el cual este comediante se ha sorprendido gratamente con el éxito que tiene, ahora sobre el escenario, con shows como Standopados o Problemas de autoridad”.

El stand up es una comedia muy orgánica –opina--, puede ir cambiando conforme va cambiando tu vida, ahorita hablo de mi hija que tiene 13 años, luego hablaré de cuando tenga 15 o 20 o quizá de mis nietos, va cambiando conforme va cambiando tu vida o tu percepción de las cosas”.

Por esa misma razón, disfrutar de sus espectáculos en vivo o en sus dos canales de youtube (Jurgan y La neta de la nota) es un placer sin límites, como dice un comentario de un espectador de estos canales: “Jurgan es un verdadero comediante, no un payaso”, su talento es incuestionable, su ritmo atrapa al público que suele entregarse en un estallido de aplausos espontáneo.