sábado, 27 de agosto de 2016

MÉXICO 86 ASÍ GANAMOS LA COPA. MI MUNDIAL, MI VERDAD. EDITORIAL DEBATE


**Les habla Diego Armando Maradona, el hombre que le hizo dos goles a Inglaterra y uno de los pocos argentinos que sabe cuánto pesa la Copa del Mundo.


A 30 años del triunfo argentino en México 86, Maradona cuenta por primera vez y en primera persona detalles inéditos de aquel campeonato inolvidable: los goles a los ingleses, la guerra con la FIFA, el equipo ideal, los italianos, Bilardo, Menotti, Passarella, Grondona, el Papa, la droga, Las Malvinas, los vestuarios, Alemania... ¿Y ahora qué?                                                                                            
“Llegó la hora de contar las cosas como fueron. Aquel fue el verdadero campeonato del mundo de los argentinos: el más luchado, el más sentido y el más merecido. Pienso y hablo en presente de México 86 y se me ilumina la cara. Ese Mundial fue el momento más sublime de mi carrera. Éramos veintidós locos dispuestos a ir a la guerra, y logré instalar la idea de que jugar con la camiseta de la selección era lo más importante, aunque la guita la hicieras en un club europeo: hace treinta años ganamos la Copa del Mundo, la última que levantó un seleccionado argentino, con veinticinco dólares de viáticos por día.
     Llegó también la hora de hablar más del plantel de jugadores y menos del planteo de Bilardo. Después del partido contra los ingleses, Valdano me dijo: ‘Diego, a partir de hoy, sos el mejor jugador del mundo’. Jugamos contra los ingleses después de una guerra en la que los chicos argentinos fueron a pelear en zapatillas: eso, los padres se lo contaron a sus hijos, y los hijos se lo contarán a sus hijos. Pasaron treinta años y lo siguen contando...”

Diego Armando Maradona

Del prólogo Me hace ilusión leer cómo Diego cuenta ese gol, de Víctor Hugo Morales

“A los pocos metros de iniciar su patriada —era contra Inglaterra el asunto— la electricidad fue creciendo y, como se aprecia en el espacio un plato volador, el extraterrestre con su emblema convocó al pasmo más profundo que el fútbol hubiera provocado jamás.

     Hay una especie de trinchera vista desde lo alto del estadio. Un surco en la tierra por el que avanza una potente luz a la velocidad de un cometa. Allá abajo, en el fondo de la olla del Azteca, en la penumbra, Maradona imita lo que a veces puede apreciarse en el cielo. La herida que abre en el azul misterioso un astro incandescente, ahora sucede en la Tierra. Allí va Diego con la bravura del que lleva el estandarte de su ejército en un ataque definitivo. Diego corre entre las laderas de colores ingleses, saltando trampas de piernas que buscan lo imposible. Y planta, como los escaladores en la cima, su bandera.

     Valdano, que lo acompañaba desde muy cerca, contaría alguna vez que Diego atinó a pedirle disculpas por no haberle pasado la pelota. Le dijo que no pudo encontrar la forma. Valdano y los futboleros se preguntan aún cómo pudo advertir el detalle durante esa corrida memorable. En uno de los pupitres del palco de prensa, este cronista de los estadios subrayó la hazaña. ‘Es la jugada de todos los tiempos’, dijo, y luego lanzó las pocas palabras, aquellas del barrilete cósmico, con las que viene remando hace treinta años arropada su carrera por el invento insuperado de Diego…”



Diego Armando Maradona. Futbolista legendario, para muchos el mejor de la historia, nació en 1960. Creció en Villa Fiorito, un barrio humilde del Gran Buenos Aires, Argentina. Allí forjó un estilo, dentro y fuera de la cancha. Talentoso y polémico, mágico y desafiante, enfrentó (y les ganó) tanto a equipos poderosos como a lo que él consideraba “la corrupción de la FIFA”. Y también tuvo su lucha personal contra la adicción a la cocaína. Surgido en Argentinos Juniors, jugó en Boca Juniors y en el Barcelona antes de llegar a la cumbre con la camiseta del Napoli, donde ganó dos scudettos y una Copa de la UEFA. Brilló en la selección argentina desde los juveniles —fue campeón del mundo en Japón 1979— hasta la selección mayor, a la que condujo al título en México 1986 y con la que fue subcampeón en Italia 1990, además de jugar los Mundiales de España 1982 y Estados Unidos 1994. En 2010 dirigió al equipo nacional en el Mundial de Sudáfrica. Memorables actuaciones en triunfos contra clásicos rivales —como Inglaterra y Brasil— lo ponen en lo más alto de una categoría reservada a unos pocos: Maradona es un mito viviente.